Normalmente estamos dispuestos a aceptar visiones transgresoras en lo referente a narrativa, a mecánica… pero, eh, hay cosas inamovibles. La perspectiva, por ejemplo. Nos perturba que modifiquen nuestra comprensión del espacio, que nos trastoquen la sensación de sentirnos dueños de conceptos en sí abstractos como el «aquí» y el «allá». A menos, claro, que estemos hablando de esos mundos derivados de la obra de M.C. Escher que nos atrapan irremediablemente en su surrealismo.
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